Caminar por las tierras de Alcaine supone dar un paseo por
la Historia de la humanidad, mirar hacia atrás y ver
representado en sus calles, edificios, monumentos y montañas,
el proceso temporal hasta nuestros días.
Y un vistazo somero al pasado debe comenzar por su prehistoria,
en este caso, por los abrigos y el "Arte levantino"
representado durante el Mesolítico en ellos. Y como
su importancia es tan grande y tan evidente, se reserva un
apartado especial para el mismo (ver). Tan sólo situaremos
temporalmente la fecha de inicio: el 6.000 a. C, cuando dicho
arte pasó a dominar amplias zonas de Aragón
y la mitad oriental de nuestra península.
En segundo lugar nos hemos de detener en la cultura ibérica,
al encontrarse un buen ejemplo de ello en el pueblo: "el
Cabezo de la Ermita". Aunque su exploración arqueológica
todavía no se ha llevado a cabo -esperemos que pronto
se realice-, representa un asentamiento muy importante situado
al lado del pantano de Cueva Foradada, prácticamente
en la desembocadura del río Martín y en un cerro
de fácil acceso. Hay que denunciar que ha sido esquilmado
por vándalos, ladrones de nuestra Historia, y que muchas
piezas de cerámica se hallan diseminadas por toda la
zona arrancadas de las entrañas del tiempo. ¡Un
verdadero sacrilegio!. Este poblado fue arrasado durante el
siglo I a. C por las guerras que ocupaban a los pueblos entonces,
y puede distinguirse lo que deben ser las plantas de varias
construcciones y su potería característica.
Después de los Íberos, los Romanos construyeron
su historia; pero si en alguna época debemos hacer
especial énfasis es en la Medieval, es decir, desde
el siglo VIII de ocupación musulmana hasta la Reconquista
cristiana (principios de siglo XII). Alcaine es un ejemplo
muy valioso y excepcional de fortificaciones dispersas, siendo
utilizado durante la Edad Media para ello y uno de los pocos
ejemplos en la actualidad. De ahí la importancia de
su restauración y conservación. Y si se ha perdido
el castillo principal (de planta pentagonal) habría
que conservar las dos atalayas que aún quedan en pie.
Así, pueden indentificarse ocho torreones en el pueblo
situados en los lugares más altos del mismo y dominando
el horizonte. Otras tres torres más conforman el total
de las que pueden reconocerse, pero éstas están
anexas a un castillo triangular. De esta forma, recorriendo
la "Cuesta de los Royales" nos encontramos con cuatro
torres: dominando las vertientes del río Radón
observamos una en buen estado de conservación: "el
Palomar de la Solana", más allá "el
Torreón de San Ramón" del que sólo
puede apreciarse su planta,"el Torreón de los
Moros" que es el que mejor se conserva, con paredes de
casi un metro de espesor y tres pisos y "el Torreón
de las moras", muy representativo de la época
árabe pero derruido. Junto a estos: "el Palomar
de la Solana" y "el Torreón del Puntal"
más otros restos de supuestas torres derruidas pero
con sus plantas visibles, forman el total de las fortificaciones
que guardaron a Alcaine de las intromisiones militares. En
esta época hemos de mencionar también la "Cueva
de los Esquiladores" que sirvió de refugio o para
acumular provisiones.
Alcaine destaca por los conjuntos pictóricos que
posee. Son dos: uno de ellos el de la Cañada de Marco,
y el otro el del abrigo de la Higuera o del Cabezo del Tío
Martín en el barranco de Estercuel, representantes
del arte rupestre levantino. Ambos conjuntos se hallan no
en cuevas profundas, sino al aire libre, en abrigos de poca
profundidad abiertos a las inclemencias atmosféricas
en altos macizos accesibles a través de senderos. Y
desde donde es posible divisar una amplia zona montañosa.